Don Rodrigo, Rey de España, por la su corona honrar,
un torneo en Toledo ha mandado pregonar.
Sesenta mil caballeros en él se han ido a juntar.
Bastecido el gran torneo, queriéndole comenzar,
vino gente de Toledo por el haber de suplicar
que a la antigua casa de Hércules quisiese un candado echar,
como sus antepasados lo solían acostumbrar.
El Rey no puso candado, más todos los fue a quitar,
pensando que gran tesoro Hércules fuera a dejar.
Entrando dentro de la casa no fuera otro hallar
sino letras que decían: ¡Rey has sido por tu mal!
Que el Rey que esta casa abriere a España tiene quemar.
Un cofre de gran riqueza hallaron dentro de un pilar,
dentro dél nuevas banderas con figuras de espantar:
alárabes de caballo sin poderse menear,
con espaldas a los cuellos, ballestas de bien echar.
Don Rodrigo pavoroso no curó de más mirar.
Vino un águila del cielo, la casa fuera a quemar.
Luego envía mucha gente para África conquistar,
veinticinco mil caballeros dio al conde don Julián;
y pasándolos el conde corría fortuna en la mar:
perdió doscientos navíos, cien galeras de remar,
y toda la gente suya sino cuatro mil no más.
Amores trata Rodrigo, descubierto ha su cuidado
a la Cava lo decía de quien era enamorado;
miraba su lindo rostro, miraba su rostro alindado,
sus lindas y blancas manos, él se las está loando
-Querría que me entendieses por la vía que te hablo;
darte hía a mi corazón, y estaría a tu mandado.
La Cava, como es discreta, a burlas lo había echado;
el Rey hace juramento que de veras se lo ha hablado;
todavía lo disimula y burlando se ha excusado.
El rey va a tener la siesta, y en un retrete se ha entrado;
con un paje de los suyos por la Cava ha enviado.
La Cava, muy descuidada cumplió luego su mandado.
El Rey, luego que ha vido, hale de recio apretado,
haciéndole mil ofertas, si ella hacía su rogado.
Ella nunca hacerlo quiso, por cuanto él le había mandado,
y así el Rey lo hizo por fuerza con ella, y contra su grado.
La Cava se fue enojada, y en su cámara se ha entrado.
No sabe si lo decir, o si lo tener callado.
Cada día gime y llora, su hermosura va gastando.
Una doncella, su amiga, mucho en ello había mirado,
y hablóle de esta manerade esta suerte le ha hablado:
-Agora siento, la Cava, mi corazón engañado,
en no me decir lo que sientes de tu tristeza y tu llanto.
La Cava no se lo dice, más al fin se lo ha otorgado.
Dice cómo el Rey Rodrigo la ha por fuerza deshonrado,
y porque más bien lo crea, háselo luego mostrado.
La doncella, que lo vido, tal consejo le ha dado:
-Escríbeselo a tu padre, tu deshonra demostrando.
La Cava lo hizo luego, como se lo ha aconsejado,
y da la carta a un doncel que de la Cava es criado.
Enbarcárase a Tarifa, y en Ceuta la hubo llevado,
donde era su padre, el conde, y en sus manos la hubo dado.
Su madre, como lo supo, grande llanto ha comenzado.
El conde la consolaba con que la haría bien vengado
de la deshonra tan grande que el rey les había causado.
En Ceuta estaba Julián, en Ceuta la bien nombrada;
para las partes de aliende quiere enviar su embajada.
Moro viejo la escribía, y el conde se la notaba;
después de haberla escrito, al moro luego matara.
Embajada es de dolor, dolor para toda España;
las cartas van al rey moro en las cuales le juraba
que si le daba aparejo, le dará por suya España.
Madre España, ¡ay de ti!, en el mundo tan nombrada,
de las partidas la mejor, la mejor y más ufana,
donde nace el fino oro y la plata no faltaba,
dotada de hermosura y en proezas extremada;
por un perverso traidor toda eres abrasada,
todas tus ricas ciudades con su gente tan galana
las domeñan hoy los moros por nuestra culpa malvada,
si no fueran los Asturias, por ser la tierra tan brava.
El triste Rey don Rodrigo, el que entonces te mandaba,
viendo sus reinos perdidos, sale a la campal batalla,
el cual en grave dolor enseña su fuerza brava;
más tantos eran los moros que han vencido la batalla.
No parece el Rey Rodrigo, ni nadie sabe do estaba.
¡Maldito de tí, don Orpas, obispo de mala andanza!
en esta negra conseja uno a uno se ayudaba.
¡Oh dolor sobre manera! ¡oh, cosa nunca cuidada!,
que por sola una doncella, la cual Cava se llamaba,
causen estos dos traidores que España sea domeñada
y perdiendo el Rey señor, sin nunca dél saber.

