Este dilema que planteo bien se sitúa en la línea del “ser o no ser” que pronunciara Hamlet en una archiconocida obra de Shakespeare. Sin embargo, el hecho de considerar la vida como dura o no, es una valoración que responde a nuestro criterio, y por tanto, afirmar rotundamente “La vida es dura” implica una visión subjetiva. Dicha subjetividad responde, según mi modo de ver, a la experiencia de cada cual. Me explicaré, si la vida te ha dado varios reveses, si has tenido malas experiencias, si no tienes a nadie a quien recurrir para que te eche una mano, entonces es cuando te inunda el pesimismo y cuando cualquier detalle insignificante es un motivo para estar afligido.
Dada la ya citada subjetividad que se esconde tras la expresión “La vida es dura”, surge una duda si nos paramos a recapacitar un poco sobre nosotros mismos: “¿Hasta qué punto es dura la vida?”. Posiblemente no sepamos el límite a ciencia cierta. Sin embargo, si pensamos con más frialdad llegaremosa la conclusión de que la vida es algo maravilloso.
Tras lo expuesto, no quiero dar lugar a que la vida no me haya dado mi merecido en determinadas ocasiones. Soy humano y, como tal, cometo errores que han tenido mayor o menor repercusión en función de diversos factores difíciles de enumerar. Sin embargo, mucha parte del sufrimiento que he tenido en esta vida no ha sido siempre por errores míos, sino por gente que me han hecho pasar en varias ocasiones por situaciones humillantes que tenían un único objetivo: hacerme daño. ¿Y todo por qué? ¿por la envidia de ciertos individuos que carecen de los valores necesarios para vivir en sociedad? ¿o simplemente porque me consideran un tipo necio a quien pueden manejar como si fuera una máquina sin sentimientos ni voluntad?
Sea como sea, a todos aquellos que me habéis hecho daño y que estéis leyendo estas líneas sabed que tengo una palabra para vosotros: GRACIAS.
Sí, sí, ¡habéis leído bien!. Gracias porque, debido a las situaciones embarazosas a las que me habéis sometido a lo largo de mi corta pero intensa vida, he conseguido hacerme una persona más fuerte y también porque me habéis enseñado, aún sin quererlo, que hay que aprender de los errores propios para no volver a pasar por la misma experiencia, independientemente de que haya sido más o menos traumática.
Y para vosotros, para los que me conocéis y para los que no tanto, sabed que siempre, siempre habrá una persona que estará dispuesta a escucharnos, simplemente tendremos que saber quienes son las personas que realmente merecen la pena. Aquellas en quienes podemos confiar, aquellas que podemos llamar “amigos”. En esta ardua tarea nos ayuda la vida, aunque sea a base de mano dura. Dicho esto puede ser verdad aquello de que la vida es dura… ¿y tú qué piensas?

La vida es dura, efectivamente, pero tenemos que conseguir (como tú bien dices) aprender de ella, y sobre todo: disfrutarla. Existen tal cantidad de buenos, estupendos, maravillosos momentos, que no podemos dejar que se enturbien por unos instantes de “contraindicación”. La vida dura poco, de modo que hagamos que sea intensa.
En efecto querida Gema. Ya lo decía un amigo mío: “La vida son tres días, dos de fiesta y uno de resaca”.