Reflexión: Lo que sabemos

A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo aspectos de nuestro mundo, de nuestros semejantes e incluso de nosotros mismos que nos hacen realizarnos como personas. Conforme vamos creciendo y nos hacemos más sabios, más aumentan nuestras ansias por compartir nuestros conocimientos -o por alardear de ellos, según se tercie-.

No obstante, tenemos que tener presente que la Palabra es un instrumento muy poderoso y, mal utilizada, puede volverse en nuestra contra. Puesto que no quiero que cunda el desconcierto entre mis queridos lectores, lo mejor que puedo hacer es poneros una historia que os explique un poco mejor lo que os quiero transmitir:

“Llevaban a la guillotina a tres hombres. Le preguntaron al primero si quería estar boca arriba o boca abajo cuando le llegara la hora final.

Él contestó que quería estar boca arriba, para estar mirando al cielo al morir. Levantaron la hoja de la guillotina y la dejaron caer. La hoja cayó velozmente y de repente se detuvo, a unos cuantos centímetros de su cuello.

Las autoridades consideraron esto como una intervención Divina y liberaron al hombre.

Luego, llegó el turno del segundo, quien también decidió morir mirando al cielo, esperando tener la misma suerte que el primero. La cuchilla fue levantada nuevamente, y soltada. Cayó velozmente y de pronto se detuvo apenas a centímetros del cuello del segundo hombre, por lo que también fue puesto en libertad.

Seguía el tercero, que era ingeniero mecánico de profesión, que también optó por morir boca arriba.

Levantaron levemente la hoja de la guillotina, cuando de repente el ingeniero, viendo un desperfecto en el mecanismo de la guillotina, dijo

- ¡Hey!, ya sé por qué no cae la hoja de la guillotina

Los verdugos arreglaron el mecanismo, y el ingeniero fue puesto nuevamente en la guillotina, y esta vez, funcionó perfectamente.”

Con esto lo que os quiero decir es que no debemos actuar como el ingeniero, aunque bajo nuestro deseo de compartir nuestros conocimientos se oculte un sentimiento verdadero de querer ayudar. Siempre hay que buscar el momento oportuno para poder decir lo que pensamos o lo que sentimos. Si el ingeniero mecánico hubiera seguido esta máxima, tal vez hubiera salvado la vida como los otros dos reos. Esta especie de fábula puede ser extrapolada de igual forma a la vida real. Si queremos hacernos de respetar entre nuestros seres queridos, es más, si queremos llegar a ser alguien en esta sociedad, tenemos que ser cautos con lo que decimos y con lo que hacemos, pues podemos correr el peligro de pasar por la peor “guillotina” que existe, la del repudio de nuestros semejantes.

Vía: La Guillotina.

Publicado en on Julio 18, 2008 at 2:11 pm Dejar un comentario

El URI para hacer TrackBack a esta entrada es: http://uncastilloenelaire.wordpress.com/2008/07/18/reflexion-lo-que-sabemos/trackback/

Canal RSS de los comentarios de la entrada.

Leave a Comment